¿De qué cambios hablamos?
Durante años, la sostenibilidad y las finanzas convivieron en las organizaciones, pero no necesariamente dialogaron entre sí. Mientras los equipos ESG trabajaban en reportes, indicadores e impactos, las áreas financieras seguían enfocadas en riesgos, resultados y cumplimiento normativo.
Hoy, esa separación dejó de ser viable.
La adopción de las normas NIIF S1 y S2, impulsadas por el International Sustainability Standards Board (ISSB) y aterrizadas en Chile a través de la NCG 519, marca un punto de inflexión: la sostenibilidad pasa a formar parte de la información financiera relevante.
Y eso implica un cambio que no es técnico, sino organizacional.
¿Qué es la NIIF S1?
La NIIF S1 establece cómo las organizaciones deben reportar riesgos y oportunidades relacionados con sostenibilidad que puedan afectar su desempeño financiero.
A diferencia de otros estándares, su foco no está en el impacto de la empresa hacia el entorno, sino en cómo ese entorno impacta a la empresa. Esto incluye, por ejemplo:
- Riesgos climáticos que afectan la operación o la cadena de suministro
- Cambios regulatorios que impactan costos o viabilidad de proyectos
- Expectativas sociales que pueden influir en la continuidad operativa
- Factores ESG que afectan la toma de decisiones de inversionistas
En otras palabras: ya no se trata solo de “hacer sostenibilidad”, sino de entender cómo esta incide directamente en la estrategia del negocio.
Un cambio cultural profundo (no solo de reporte)
Hasta ahora, los reportes de sostenibilidad solían ser documentos separados, desarrollados por equipos especializados, con escasa conexión con las áreas financieras.
La NIIF S1 rompe esa lógica.
Exige que la información ESG sea tratada con el mismo rigor que la información financiera. Y eso obliga a una coordinación real entre áreas que históricamente han trabajado en paralelo.
Este es, probablemente, el mayor desafío para muchas organizaciones en Chile: no la norma en sí, sino la necesidad de alinear lenguajes, criterios y procesos internos.
Porque cuando sostenibilidad y finanzas no conversan, el reporte pierde consistencia. Y cuando eso ocurre, también se debilita la credibilidad.
¿Cómo se diferencia de otros estándares?
Para entender su relevancia, es útil compararla con otros marcos:
- GRI: se enfoca en cómo la empresa impacta al entorno (materialidad de impacto).
- NIIF S1: se enfoca en cómo el entorno impacta a la empresa (materialidad financiera).
- CSRD (Europa): combina ambos enfoques (doble materialidad).
Este cambio no reemplaza lo anterior, pero sí redefine prioridades: la sostenibilidad deja de ser solo narrativa y pasa a ser parte del análisis estratégico.
¿Dónde están hoy las principales brechas?
En nuestra experiencia, muchas organizaciones enfrentan desafíos similares:
- Información ESG dispersa y no estandarizada
- Falta de conexión entre áreas técnicas, operativas y financieras
- Dificultad para traducir impactos sociales o ambientales en riesgos financieros
- Procesos que funcionan por inercia, sin revisión estratégica
- Reportes que comunican, pero no necesariamente gestionan
Estas brechas no se resuelven con un informe mejor diseñado. Se resuelven con una transformación en la forma de trabajar.
¿Qué deberían estar haciendo las organizaciones hoy?
Más allá del cumplimiento, la implementación de NIIF S1 abre una oportunidad para ordenar y fortalecer la gestión interna.
Algunas acciones clave incluyen:
- Identificar riesgos y oportunidades ESG con impacto financiero
- Definir criterios de materialidad claros y consistentes
- Establecer espacios de trabajo conjunto entre sostenibilidad y finanzas
- Diseñar indicadores que permitan seguimiento real
- Fortalecer la gobernanza de la información ESG
- Asegurar trazabilidad y calidad de los datos
Este proceso no es inmediato, pero sí es urgente.
De reportar a gestionar
Uno de los principales aportes de la NIIF S1 es cambiar la pregunta de:
¿Qué estamos haciendo en sostenibilidad?
a
¿Cómo afecta la sostenibilidad a nuestro negocio y cómo lo estamos gestionando?
Este cambio exige pasar de una lógica de reporte a una lógica de gestión. Y eso solo es posible cuando las distintas áreas de la organización trabajan de manera integrada.
Una oportunidad para hacer las cosas mejor
La implementación de estas normas puede verse como una exigencia regulatoria más. Pero también puede ser una oportunidad para fortalecer la coherencia interna, mejorar la toma de decisiones y construir organizaciones más preparadas para contextos complejos.
Y es que, en definitiva, no se trata solo de cumplir con un estándar. Se trata de entender mejor el entorno, anticipar riesgos y tomar decisiones con mayor información.
Si tu organización está comenzando a explorar este camino, o necesita ordenar lo que ya está haciendo, es un buen momento para detenerse y mirar con más profundidad.
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